“La democracia es ese régimen político que supone certeza en las reglas e incertidumbre en los resultados.” Adam Przeworski

Año 2000: Una noche en el IFE

Por: Ariel Ruíz Mondragón

Nuevamente, como hace tres años, a llegar corriendo a la sede central del Instituto Federal Electoral después de haber recorrido durante el día varias casillas electorales. Sigo el método inductivo: ir de los particular a lo general. Durante el día, no hay irregularidades relevantes y generalizadas que dañen las votaciones. Ahora, por lo noche, habrá que ver cuáles son los condiciones en que se desarrollo la jornada en el país, cómo se evalúa a candidatos, partidos y al propio IFE.

Como se acostumbra, el IFE ha sido invadido por decenas de medios de comunicación, muchos de los que han instalado stands a lo largo y ancho de los estacionamientos y las explanadas. Son minutos antes de las ocho de la noche cuando hago mi arribo, y para entonces ya se da una primera incertidumbre: la elección del D. F., que en las encuestas de salida hechas para TV Azteca y Televisa, señalan que la victoria amplia, fácil y anticipada de Andrés Manuel López Obrador y del PRD pertenece al reino de las ilusiones. La actitud recatada del IEDF avala esa falta de certeza. Pese a todo, el tabasqueño lleva ventaja, bastante corta.

Al lado de eso, ya hay dos resultados ciertos e irreversibles: las gubernaturas de Guanajuato y Morelos serán, abrumadoramente, para el PAN. Con esa trilogía de resultados, ya cualquiera intuye que el cielo de la noche, de esta noche, es efectivamente azul. Las pesadillas de hoy tendrán tintes tricolores y amarillonegros.

Pero todos esperamos lo mero bueno, las cuentas de la elección presidencial, que se supone que, a diferencia de lo que se pronosticaba para el DF, sería bastante cerrada. Esperamos las ocho de la noche hora-del-centro para que se acabe la jornada en el norte del país y a escuchar los productos de los exit polls. Es entonces cuando Televisa vuelve a ganar en toda la línea: en la primera centésima de segundo de las ocho de la noche, López Dóriga nos informa que Mitofski da una ventaja de 6 puntos a Vicente Fox sobre Francisco Labastida (44 a 38), con un Cuauhtémoc Cárdenas lejos, fuera de la batalla. Inmediatamente aparece José Woldenberg en los monitores televisivos. Simplemente, y como lo ha hecho durante el tiempo en que ha sido presidente del organismo, reafirma su voluntad de dar certidumbre y confianza en el proceder electoral, además de anunciar el inicio del PREP e informar que a las once de la noche el IFE dará los resultados de sus conteos. Además de azul, esta noche pinta para una faena completa del jefe ifeño.

Ahora sí, ya retrasado, Alatorre da el conteo azteca: Fox, ocho puntos arriba de Labastida; Cárdenas está a media tabla, ya apartado del bien y del mal: tan lejos del gane como de la Primera División A. Su partido, puesto en esos términos, ya es de mero trámite. La que está en la tablita es Democracia Social.

Mientras la feria de resultados por estado y nacionales aparecen en pantalla, en la tele aparece Vicente Fox. Al contrario de lo que se pudiera creer, su presentación resulta más que acertada: no festeja ruidosamente, es sensato y sobrio, ponderado —lo que sí es sorpresa- y serio; pronuncia un discurso de concordia, de conciliación, que es una de las cosas que más necesita la nación en este momento. Ofrece un gobierno incluyente y plural. Elimina la declaración exagerada autofestiva, tan en boga durante su campaña, y hace un buen número de reconocimientos: al IFE, al presidente Zedillo y, lo más importantes, a sus contrincantes. Las campañas, y mucho de los que se dijo en ellas, ha quedado atrás: Fox ya mira hacia el futuro, y sabe que no podrá, aunque así lo quisiera, gobernar a su antojo. Por eso es tan pertinente su mensaje, tan necesario. Pese a los comentarios pesimistas, ojalá gobierne con todas las ideas que dijo en esta ocasión. Si no, habrá que recordárselo. Creo que cuando menos hay que darle el beneficio de la duda.

Oteo los rostros de los periodistas y de quienes presenciamos el momento: hay sorpresa, en algunos hasta pesar, algunos, pocos, alegres. Distingo entre todos los presentes al eterno dirigente estudiantil universitario, veterano del 86, mi compañero de Facultad hace más de una década, activista anticuotas del 99-2000. Como sus viejos maestros ceuístas —que hoy rodean a Cárdenas desde gobierno, partido y comité de campaña-, está rodeado de chavitas radicales; su tristeza y desilusión es evidente. Es de los que combatirá el sistema neoliberal y autoritario —pese-a-la-alternancia- desde la UNAM.

Apenas estoy acabando de digerir eso, cuando emprendo un recorrido para ver las pantallas con los resultados. Con pocos datos todavía, Fox pinta como ganador. La última esperanza priísta es el voto verde; pero ya se ve que cuando éste llegue, si es que llega, difícilmente podrá dar una voltereta al marcador.

Los resultados preliminares dan como ganador en la elección federal en el DF a Vicente Fox; sin embargo, la ventaja del PAN se reduce en las elecciones de senadores y diputados, aunque también gana. Ahora sí, el PAN crece notablemente, pese a sus campañas locales. ¿El PRI? En el DF y en este distrito, y en el país, continúa, inexorable, imparable, su decadente camino al más allá. Observar eso a lo largo de la noche me resulta una mezcla extraña de gustoso dramatismo.

Pero algo noto en el ambiente de la sala: no hay catástrofe ni caída del Muro de Berlín. Todo en calma, muy diferente a todos los escenarios que nos habían pintado acerca de la caída del Invencible.

Mientras anotamos cifras, en la televisión van a apareciendo, uno a uno, los actores políticos relevantes del país. Cuando aparece el presidente Ernesto Zedillo, abandonamos todos todo para escucharlo. Es el segundo gran discurso de la noche: reconoce y felicita a Fox, con el que tuvo intercambios ríspidos durante la campaña. Ofrece un trabajo conjunto para el cambio de gobierno, y anuncia que ya se comunicó telefónicamente con Vicente Fox. Califica a la del 2 de julio de elección ejemplar. Y algo muy importante: convoca a todos a contribuir “para que el nuevo gobierno puedas servir a México.” Esta noche, Zedillo y Fox dan la garantía verbal de un cambio de gobierno sin sobresaltos, con confianza y seguridad.

Labastida va por el mismo tenor. Acepta la derrota, y se compromete a respetar el resultado ante un priísmo anonadado. La televisión muestra a los dinosaurios que le acompañan en la casi luctuosa cita: les ha llegado su diluvio, parece haber sonado la hora de su extinción. Pese a todo, Labastida dice que su partido está y seguirá vivo, que habrá que reflexionar y reformarlo. Pienso que tales pretensiones sólo lograran alargar su agonía. No veo por dónde pueda sostenerse, ni siquiera económicamente. Pero de todos modos, Labastida ofrece un tránsito en paz y por la vía del derecho. Así sea. Que Rodríguez Alcaine, el espíritu de Fidel Velázquez —”llegamos con balas” y etc,etc.”- y muchos más lo escuchen.

Las imágenes de la plaza del PRI, por primera vez desde que existe el edificio de Insurgentes Norte, la muestran desierta, aplacada, entristecida, solitaria, abandonada a su suerte por sus interesados festejantes de siempre. Esa será una de las imágenes del siglo.

Al igual que Zedillo, Labastida logra arrancar algunos aplausos entre la concurrencia de la sala de prensa del IFE.

Cárdenas. El ingeniero. El opositor por antonomasia. Aparece en la tele, acompañado por su familia y por Rosario Robles. Inevitablemente, vienen a mi recuerdo las imágenes de hace tres y de hace doce años. Aquellos dos sextos días del mes de julio por la noche fueron de fiesta, de contento. 1997: en todas las imágenes de los periódicos, en la televisión, aparecían Cuauhtémoc y Celeste plenos de alegría, eran todos dicha. Con sobrada razón.

Tres años después, el escenario es el mismo —o así me parece-, pero la circunstancia muy distinta. Cárdenas dirige un mensaje cuya primera parte me parece magistral. Con una entereza y un aplomo ejemplares, el ingeniero agradece a todos los que lo apoyaron y acompañaron durante su trajín. Reconoce que las tendencias no lo favorecen, sino al candidato de la Alianza por el Cambio; no impugna los resultados. Después, en grandes trazos magníficos, hace un resumen de las decisivas aportaciones que el PRD ha hecho a la democratización del país. Pienso que, al contrario de lo que hizo algunas veces durante su campaña, por fin reconoce plenamente los avances del país, y en eso va un reconocimiento a sí mismo que no se le puede regatear.

Sin embargo, la segunda parte de su mensaje me decepciona, no me gusta. Otra vez vuelve el radicalismo: la derrota de hoy es el gran triunfo de los ultras del PRD. Y así lo manifiesta Cuauhtémoc: ellos serán la oposición, el neoliberalismo vive y vive, la lucha sigue y sigue. No hay felicitación para el ganador: los únicos reconocimientos que hace son para él y los suyos. Es el único que no habla de concordia esta noche: una vez más, llama al combate, a la confrontación. Considero que definitivamente, la política es conflicto, pero también es consenso; Cárdenas y muchísimos de los suyos entienden sólo del primero.

Cárdenas defiende bien el triunfo perredista en la capital. Pero otra vez se hace presente la intolerancia: él y los perredistas tienen el PROYECTO, el verdadero, y como tal, el único. Esas creencias religiosas pertenecen no sólo a una vieja izquierda anacrónica, sino a cualquier tendencia fundamentalista. Por eso, la pluralidad de la que habla el PRD se reduce a dos polos: los buenos contra los malos. No hay más, no hay matices. Los malos son los que no comparten su visión de la nación, y que, peor aún, disienten de ella. En esa lucha, hay que derrotar irreductiblemente a los malos, a los entreguistas, a los neoliberales (¿Cómo convivir con estos traidores a la patria?). Por eso, hoy no llama al acercamiento entre mexicanos, sino al contrario: a la lucha. Su incapacidad para buscar acuerdos es notable. Su pluralidad es falsa. No poco de esto ha influido en la abrumadora derrota perredista del día de hoy —hay que ver sus porcentajes para diputados y todo lo que el PRD se tendrá que mochar con sus partidos satélite de la Alianza por México, que fueron un lastre para el ingeniero-.

(Tengo para mí que uno de los puntos clave del éxito cardenista de 1997 fue haber presentado una cara más abierta, más reformista, más mesurada, más segura. Hoy, el antipriísmo ha visto esa imagen en Vicente Fox y no en Cárdenas.)

Al final del discurso de Cárdenas, se nota tristeza entre el auditorio perredista. No es para más. Hay una imagen que se me quedará grabada siempre y que a casi todos pasó inadvertida: Cárdenas acaba su discurso entre aplausos tristes, y se ve compungido; entonces, se acerca Celeste y tiene un gesto hermoso: asesta dos besos en la mejilla del ingeniero, llenos de amor, generosidad y solidaridad. Nunca como hoy Cuauhtémoc los necesita, y Celeste está allí. Entonces pienso que es verdad lo que dijo Cárdenas en el segundo debate: es feliz con su familia.

Gilberto Rincón Gallardo también declara. Recuerda su defensa de la institución electoral mexicana y señala que las tendencias electorales favorecen a Fox, a quien felicita. Asimismo, felicita a los demás candidatos por la muestra democrática de civilidad por aceptar el resultado. Empieza su celebración: con el 13% del PREP, Democracia Social tiene el 2.4% de los votos, con lo que ganaría su registro. Sin embargo, conforme avanza la noche, ya no alcanzaba el 2% requerido. Hasta donde pude observar, una décima de punto separaba al partido de la rosa del registro. Sería una verdadera lástima que después de la campaña inteligente, sensata, lúcida y llena de dignidad de Rincón Gallardo, su organización quedara sin registro federal.

Al final de la jornada, la sesión del Consejo General del IFE. El dictamen técnico del IFE ha llegado a la misma conclusión que las anteriores encuestas de salida: Fox gana. Todos, prácticamente todos los representantes de los partidos —incluyendo a los perredistas-, reconocen la gran labor del instituto y felicitan al triunfador. Por eso, después de Fox, el gran triunfador es José Woldenberg. Cuando éste aseguró que habría una elección limpia, los más serios lo criticaron severamente y algunos hasta se burlaron de él. Casi ningún otro Consejero del IFE se atrevió a hacer un pronunciamiento en ese sentido. Hoy, Woldenberg y el IFE el reconocimiento de tirios y troyanos y han logrado una elección limpia en el país del fraude electoral. Por eso es menester citar las palabras con las que cerró la sesión de Consejo General: “Creo que hemos pasado la prueba, somos un país en el cual el cambio en el gobierno puede realizarse de manera pacífica, mediante una competencia regulada, sin recurso a la fuerza por parte del perdedor, sin riesgos de involuciones y creo, y ustedes estarán de acuerdo conmigo, que eso es la democracia.”

Terminada esa sesión, y como hace tres años, Woldenberg tiene a bien visitarnos en la Sala de Prensa, en la que nos dirige algunas palabras reconociendo la importante labor de los medios en este proceso. Hay aplausos para él, merecidos, sin duda. Concluye su intervención diciendo que ya es tarde y que hay que ir a descansar.

Efectivamente, ya es de madrugada y hay que hacerlo.

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